Creí ciegamente en la luz y se apodero de mí la soledad.
Tarde fugaz la de ese día, salí a caminar apreciando la
belleza de las nubes parecía un día como cualquier otro, vague sin rumbo fijo
terminando en el parque central de la ciudad; alguien grito mi nombre al
voltear con desbocados cabellos al aire corriendo hacia mí una amiga de la que
hacía tiempo no tenía noticias.
-¡Alberto!- gritaba con fuerza mientras se acercaba
-Hola Miriam, ¿qué tal?
-MMM… Tanto tiempo sin vernos y tú solo me saludas como si
nos hubiéramos visto ayer, y dices ser mi amigo….
-No es para tanto- es lo único que se me ocurrió responder.
Después de un rato de recriminaciones y una charla amena
recordando viejos tiempos le invite un helado; comenzamos a caminar sin destino
alguno; fue entonces que la vi, ahí estaba esa mirada que me hizo palidecer,
tan lejana, tan cercana, ¡qué risueño contacto el de tus ojos en los míos!,
vasto un segundo para reconocernos enseguida. Una sola ves marca el destino
como un suspiro y solo eso basta para saber que estoy vivo. Sin pensarlo la
aborde diciéndole, “envidia tengo de ese viento que te toca con su brisa tierna
al amanecer y te acompaña durante el día hasta al anochecer” mi corazón latía
con tal rapidez, provocando un caos de sensaciones, me olvide por completo de
Miriam, inclusive de la gente que deambulaba por el lugar, en ese momento no
existía nada más que su mirar; Miriam con un golpe en la nuca me saco del
transe…
-¡E!… despierta, tierra llamando a Alberto, responde por
favor.
La chica comenzó a reír; fue precisamente su riza la que me
despertó del embrujo.
-Hola, me llamo Alberto.
-Hola, soy Leslie.
-Hola amiga, mi nombre es Miriam y creo que este tonto te
asusto.
-¡Miriam!… grite enojado -¿Cómo puedes decir eso?
-Vamos eres un idiota, que manera es esa de abordar a una
chica; disculpa a mi amigo es un poco atolondrado.
-No te preocupes, no pasa nada, además es la primera vez que
alguien me dice algo tan bello- respondió Leslie con una sonrisa tierna en el
rostro.
Tal vez por impulso o miedo a no verle otra vez le dije:
-Que fascinación la que se encuentra en tus ojos; ¿quieres
ser mi novia?
-¿Qué te pasa?, ¡estás loco!, ¡apenas si te conoce!, ¿cómo
puedes preguntarle eso?… vocifero Miriam.
Recuerdo bien que cuando Miriam comenzó a regañarme me
comencé a sonrojar, me quede mudo, sin poder siquiera levantar la mirada, sin
esperarlo siquiera Leslie se acercó hasta donde yo estaba e inesperadamente me
beso en los labios; aunque fue un beso tierno, sin mucha pasión, estuvo bien ya
que dio inicio a un mundo nuevo donde la flor que florece, el día más largo,
las luces del cielo y todo aquello que nos rodea parecen fugases mientras te
pierdes en el camino del viento.
Tiempo hermoso en el que nos encontramos; comenzaron las
clases de preparato-ria, será el destino o porque así lo quiso dios, terminamos
estudiando en la misma escuela, diferente salón pero al fin y al cabo estábamos
cercas; horas largas el esperar para poder verte, horas eternas sin poder
escuchar tu voz, unos segundos bastaban al verte para poder continuar con el
día a día, entre las clases y actividades extras, yo con mis actividades
deportivas en el equipo de basquetbol y la rondalla, tú con el club de lectura
y el ajedrez, poco era el tiempo en que podíamos estar juntos; recuerdo bien
esa tarde lluviosa esperando en la parada del autobús, sin que te dieras cuenta
comencé a dibujarte sentada leyendo ese libro; desde ese día aquel dibujo se
volvió mi tesoro más preciado.
Por fin pude invitarte a salir, decidimos ir al cine, a
tomar un helado para terminar en la alameda…
-El mañana está en algún lado –dijiste.
-¿Cómo dices?
-Mmm… no es nada, solo pensaba en nosotros –en ese instante
tu mirada me pareció distante y triste –sabes, debemos hacer una promesa.
-¿Qué clase de promesa? –conteste.
-Prometamos aquí y ahora amarnos hasta la eternidad.
-Te prometo amarte cada día de mi vida por el resto de la
misma y más haya, y si es ne-cesario te entregare mi vida sin preguntar.
-Eres un extremista –me dijiste, para continuar, -basta con
que me ames en esta vida así como yo lo hago; sabes tengo una gran idea para
terminar el día.
-¡A sí!, solo dime y lo haremos.
-¿Me lo prometes? –asentí con la cabeza –espero no te
arrepientas –negando solo con la cabeza no dije palabra alguna no hacía falta –
muy bien, entonces vamos.
Sin saber a dónde nos dirigíamos te seguí; gran sorpresa la
que me lleve, termi-namos en frente de una casa muy elegante, pero tarde
comprendí que esta era el lugar donde vivías y la sorpresa mayor fue el que me
presentaras ante tus padres y tu pequeña hermana como tu novio; yo estaba muy nervioso,
no podía ni decir una palabra, lo que más me sorprendió fue la forma de ser de
tus padres, recuerdo bien, su padre de nombre José fue quien rompió el hielo,
la amabilidad de su madre al servirme un vaso de limonada e inclusive su
pequeña hermana Carolina; la cual lleva el mismo nombre que su madre, tan
amable y tierna que me presto su muñeco de felpa, el cual al parecer no a
cualquiera se lo prestaba; creo que les agrade.
Fueron tiempos maravillosos los que viví a tu lado,
paseábamos juntos cada que podíamos, tus padres hasta nos llevaban a parques o
al cine, lo mejor de ir con ellos era cuando su padre se inventaba cualquier
excusa y nos dejaba solos; tiempo maravilloso en el que compartimos ese
sentimiento, no por casualidad más bien de corazón a corazón. Cursando ya el
quinto semestre, todo parecía marchar en favor de nosotros, planeábamos seguir
juntos, al terminar la preparatoria yo comenzaría a trabajar, gracias a que era
una preparatoria técnica podría conseguir trabajo más fácilmente, tu seguirías
estudiando una carrera, pero yo no me quedaría atrás, continuaría con mis
estudios por las noches, no porque no quisiera estudiar en una escuela
superior, todo se debía a la situación económica en mi familia. Hicimos planes
para estar juntos el resto de nuestras vidas, ella terminaría de estudiar y
entonces nos casaríamos; pero el destino nos deparo un final distinto, todo
comenzó con un mareo en la escuela, días después vino un desmallo, fue entonces
que tus padres te llevaron al doctor; quisiste que te acompañara, temías, creo
que presentías lo que te ocurriría y no estabas equivocada, después de varios
análisis vino el momento trágico, un silencio aterrador, nadie decía nada,
rogué por saber de tu situación, don José con lágrimas en sus ojos me lo dijo,
detectaron cáncer cerebral, no bastando con eso era inoperable y terminal, seis
meses, seis meses cuando mucho restaban de vida para la chica que trajo la luz
a mi existir; la conclusión del doctor no fue del agrado de nadie, sus padres
buscaron una opinión distinta pero no hubo otra respuesta, fueron solo tres
meses más los que pudimos compartir antes de que partieras, los meses más
difíciles que vivimos juntos hasta que llego y se apodero de mi la soledad; de
lo único que me arrepiento de ese entonces es el no haberte presentado
formalmente ante mis padres, había decidido hacerlo el día de nuestra
graduación y ella estuvo de acuerdo.
CAPITULO 2
Rosas en un ataúd.
Rosas blancas lleve para despedirme, y las lleve porque eran
las preferidas de mi amor, decía que eran mejor las rosas blancas porque
representaban la pureza de nuestro amor.
Pasaron ya quince años, salí como aquella vez de paseo por
el centro, vagando lentamente, de repente escuche mi nombre; era Gaby una
compañera de la preparatoria.
-Hola Alberto, tanto tiempo sin vernos… ¿Cómo has estado?
-Bien- fue mi respuesta.
Comenzamos a caminar platicando y recordando momentos
felices; por el calor de ese día fuimos por un helado, caminábamos
tranquilamente, llegamos hasta donde un vendedor de frutas; fue ahí que la vi,
solté mi helado, era Leslie…
-¡Tu!.. ¡Maldito!… ¡Te voy a matar!- repentinamente esa
chica arrebato el cuchillo del vendedor y lo puso amenazante en mi cuello
-¡Maldito!, te are lo mismo que le hiciste a mi hermana –es entonces que lo
comprendí, no era Leslie si no Carolina la hermana pequeña, la similitud de
ella era tan exacta que al verle palidecí.
-La sangre como vida, la sangre como pago –fueron las
palabras que pronuncie mientras levantaba mi brazo izquierdo hasta una altura
que fuera accesible a la navaja del arma, la cual postro sobre mis venas, pero
no se atrevió, temblorosa por la rabia, mirándome fija-mente a los ojos.
-Tú… maldito…
-Solo hazlo, bastara un segundo y la venganza estará echa
–más bien en mi interior pen-saba: “bastara un segundo para reunirme con mi
amor”
-¡Detente! –Gritó Gaby –no lo hagas, por favor –con lágrimas
en sus ojos –te lo suplico, no…
-¡Tú no te metas!, él debe pagar por lo que le hizo a mi
hermana, no merece seguir vi-viendo…
Repentinamente Gaby le arrebato el cuchillo de la mano, con
una furia extrema le dio una cachetada…
-¡Maldita sea!, tu odio por el debería cesar, él… él no hizo
nada malo.
-Que podría esperarse de alguien que es su amiga.
-Tú… en verdad tú… ¡nunca lo comprenderías, no sabes nada!
–el tono en que Gaby dijo esto último fue tan alto que las personas que
observaban se asustaron. –Él ha sufrido tanto o más que tu… si tan solo
supieras…
-¡Dímelo!, ¡Quiero saber!, ¿Por qué no lo dices?
Sin esperarlo siquiera Carolina se dio la media vuelta con
motivo de irse, descui-dada bajo la banqueta y una camioneta estuvo a punto de
atropellarla de no haber sido porque por instinto alcance a empujarla y ponerla
fuera de peligro, siendo yo quien recibiera el impacto para caer inconsciente
en medio de la calle.
-¡Mira lo que has hecho!
-Me alegra, ojalá se muera, se lo tiene bien merecido.
-¿Cómo… como… puedes desear eso…?
-¡Él mato a mi hermana!
-Tú no sabes nada… con lágrimas escurriendo por sus
mejillas, cabizbaja, con miedo de seguir hablando.
-Bien, tú dices que no se nada, entonces dime, ¡quiero
saber!, pero no creo poder perdo-narlo nunca.
-En verdad, ¿quieres saber todo lo que ocurrió… en verdad…
lo deseas?
-Ya te lo dije, solo dímelo, aunque no creo que eso cambie
algo –su tono se tornó con furia pero sin alzar demasiado la voz…
-No soy quien para decirte lo que ocurrió, inclusive no lo
sé con certeza…
-Entonces… ¿Qué es lo que tratas de decirme? –esta vez
Carolina exploto en ira y su tono de voz fue demasiado alto.
-Sí en verdad estas dispuesta a saber toda la verdad, toma,
esta es la dirección de Miriam, la mejor amiga de Alberto y también de tu
hermana, ella estuvo ahí y sabe toda la verdad, pero te lo advierto, una vez lo
sepas no abra marcha atrás…
-¿Qué podría cambiar?, no creo que me fuera afectar de algún
modo.
-La realidad puede ser más dolorosa de lo que crees… ¡ahora…
largo!… no quiero verte más.
Carolina partió rumbo a casa de Miriam, al llegar esta la
estaba esperando, al verle se sorprendió por el parecido casi idéntico con
Leslie, más sin embargo Gaby le había hablado unos instantes antes para decirle
que ella estaría en su casa en cualquier instante.
-Bienvenida Carolina, pasa por favor
-¿Cómo sabe quién soy?
-Gaby me aviso que venias para acá.
-Bien, entonces ya sabe lo que he venido a buscar, así que
no perdamos tiempo.
-Siéntate por favor, ¿puedo ofrecerte algo?
-Solo dígame lo que he venido a escuchar y no perdamos más
el tiempo.
-Bien… pero primero debo preguntarte si estas segura de
querer escuchar la verdad.
-No he venido por nada, diga lo que tiene que decir para
poder marcharme.
-Por dónde empezar… bueno… tú sabes cuánto se amaron esos
dos.
-¿Qué importa eso?
-Deja solo continuar, bien te decía, ellos se amaron con tal
pasión que no creo pueda existir otro amor igual, todo mundo los veía, los
envidiaba, algunos cuantos deseaba ser como ellos, por Alberto yo conocí que la
vida es tan bella o tan podrida como quieras verlo, siempre sonriente inclusive
a la adversidad, hasta yo le envidiaba de vez en cuando por su forma de ser,
pero más aún por estar a mi lado cada vez que lo necesite…
-Si tanto lo aprecia, dígame, ¿Qué hace entonces aquí con
migo en lugar de ir corriendo para ver que le ocurrió?, supongo debe de estar
enterada.
-Sí, me entere gracias a Gaby de lo que hizo por ti.
-Y dice ser su amiga, en lugar de estar aquí debería de ir a
verle.
-No te preocupes Gaby esta con él, además ella me avisara de
cualquier cosa que ocurra.
-¡Ja! Entonces Gaby es mejor amiga que usted…
-No te preocupes por eso, sabes Gaby siempre estuvo
enamorada de él, inclusive ahora debe de estar tan preocupada que no lo
abandonara, es por eso que yo no necesito estar ahí, en este momento debo de
estar contigo para protegerte de ti misma.
Carolina solo se quedó mirando fijamente a Miriam.
-Ahora continuare, momentos felices y fugaces vivimos los
tres, por Alberto me hice íntima amiga de tu hermana, inclusive llegamos a
compartir secretos de corazón, todo era maravilloso; sabes conocí a Alberto
desde primaria, desde el primer día de clase nos tocó sentarnos juntos, y desde
ese día nos volvimos amigos…
-A mí no me interesa su vida, quiero saber sobre mi hermana.
-Antes de conocer la verdad quiero que conozcas un poco de
él, solo te pido seas paciente y no me interrumpas más o me veré obligada a no
contarte nada… -le miro con determinación para no ser interrumpida de nuevo
–continuare… yo tuve que partir de aquí por una enfermedad de mi abuela así que
no tuve contacto con Alberto por toda la secundaria, al finalizar prácticamente
esta es cuando pude volver a tener contacto con él; créeme cuando te digo que
ellos estaban predestinados desde su nacimiento, se reconocieron enseguida
cuando se vieron, desde el primer día en que se conocieron se pertenecían el uno
al otro, inclusive tu hermana me confeso que solo entro a esa escuela por
Alberto, tu padre quería meterla en un colegio prestigiado pero ella insistió
tanto que tu padre termino cediendo a sus caprichos, Alberto no era el mejor
estudiante que digamos, pero por tu hermana se esforzaba al máximo, él era
bueno para los deportes, muy bueno en basquetbol y muy rápido llego a correr
los cien metros planos en trece punto seis segundos, el maestro de atletismo de
la escuela lo estaba preparando para competencias de mayor nivel…
-Eso no me interesa –interrumpió Carolina.
-Pues deberías, así sabrás por lo que paso y cuanto amaba a
tu hermana; pero como no te incumbe te pido que te vayas de mi casa.
Pensando, cabizbaja, por unos instantes carolina sin decir
palabra no se movió.
-Lo lamento, no es mi intención molestar, pero no quiero
saber de ese bastardo.
-Te comprendo, más sin embargo escúchame, es la única manera
de que puedas aceptar lo que tengo que decir de Leslie… -mirándola
tranquilamente, Miriam espero unos instantes y prosiguió…
-Todo marchaba en completa armonía, Alberto me confeso un
día que solo entro en la rondalla por ella, me dijo que a Leslie le había
gustado una canción que tocaba un joven en el autobús y por eso él comenzó a
practicar la guitarra, para su cumpleaños le canto dicha canción; aquí entre
nos, la verdad es que cantaba muy mal, pero toco como ninguno la canción…
-Disculpe… me gustaría saber… ¿cuál era esa canción?
-La de “lost in love”, la pronunciación de él era buena,
lastima de su entonación, sabes no nació para cantar, aun así ella quedo
maravillada, él tenía muchos dones, el mayor de ellos era su habilidad para
dibujar, inclusive lleno un cuaderno con dibujos de Leslie; por ella aprendió
el placer de la lectura; todo marchaba a pedir de boca hasta el día en que tu
hermana enfermo o mejor dicho le detectaron el cáncer, fueron tres meses que
sufrimos con ella, los meses más largos de nuestras vidas, pero Alberto no se
rendía, la visitaba a diario tratando de hacerla feliz, nunca lo demostró, pero
sufría en soledad; cuando tu hermana partió, todo cambio, a él dejo de
importarle la escuela…
-¡Espere!, se ésta brincando lo que en verdad quiero saber…
-Déjame terminar, prometo contarte todo… Miriam se paró, fue
a la cocina por un poco de limonada y unas galletas que ofreció a su invitada…
-Todos perdimos algo cuando ella murió –continuo Miriam
haciendo una pausa –el que más perdió sin duda fue él, no entraba más a clases,
trate de ayudarle muchas veces, no me lo permitió, estaba devastado, al grado
que empezó a auto destruirse, comenzó por romper el cuaderno con los dibujos de
Leslie en mil pedazos, destrozo por completo la guitarra que con tanto esfuerzo
compro, pero lo peor vino después, un día fui a buscarlo detrás del laboratorio
de química; era el lugar más solitario y tranquilo de toda la escuela, por
desgracia lo encontré… -haciendo una pausa, con miedo a continuar… -fue lo más
horrible que pude haber visto en él… sostenía un roca sobre sus manos… se
estaba golpeando la rodilla con tal furia que la lastimo de por vida… trate de
detenerlo, pero su mirar me petrifico… le tuve miedo… llegue a creer que
lanzaría la piedra hacia mi… ya no pudo seguir con el basquetbol o siquiera
llegar a correr… fue triste… yo no sabía qué hacer, inclusive me amenazo si
decía algo a sus padres, día a día le vi derrumbarse… y… yo… sin poder hacer
nada…. –con lágrimas en sus ojos Miriam se retiró un momento disculpándose… -es
duro para mi contarte esto, siempre lo vi tan feliz que me ha sido imposible
aceptar lo que se hizo… pero debo decirte todo, tienes que saberlo…
-No se preocupe si en este instante no puede continuar
vendré otro día –comento Carolina, apacible y comprensiva.
-Si te dejo ir en este instante, otro día ya no tendría el
valor; él no contento con esto, días después entro al taller de mecánica,
tenían una prensa de enderezado, la puso en funcionamiento y metió las manos,
gracias a dios que la maquina no funcionaba correctamente sino hubiera perdido
ambas manos…
-Sí tanto se despreciaba porque no se arrebató la vida…
-Prometió a Leslie no hacerlo…
-¿Qué? –Carolina se paró del sillón enfurecida.
-Toma asiento, estoy por terminar, te decía, la maquina no
funcionaba adecuadamente, lamentablemente las heridas que recibió le
fracturaron varios dedos y le lastimaron algunos tendones, perdiendo así toda
su capacidad para poder seguir tocando, inclusive duro mucho tiempo sin poder
siquiera escribir, el dibujo que era su mayor pasión lo perdió; lo vi hace un
par de meses y ha recuperado un poco de su habilidad para dibujar, pero ni
si-quiera es la mitad de bueno de lo que era antes, sabes se compró otra
guitarra, me dio tristeza verle intentar tocar, no pudo terminar una sola
canción, se excusó diciendo que tenía tiempo de no usarla y por eso le dolían
un poco los dedos, la verdad es que no podrá hacerlo nunca más; gracias a que
nadie lo vio haciendo eso, la escuela se responsabilizó diciendo que fue un
accidente, y el maestro que lo acompaño al doctor fue quien me dijo que él
había recibido demasiado daño en las manos sobre todo en la izquierda, algún
día podría volver a tener movilidad, pero no sería al cien por ciento.
Carolina la miraba impaciente, no quería saber de Alberto
pero algo le decía que esperara y terminara de escuchar; sin previo aviso, el
teléfono comienza a sonar.
-Era Gaby –dice Miriam cuando cuelga y prosigue –solo
llamaba para avisar que Alberto está bien, solo se le fracturaron dos
costillas, al parecer el impacto le saco todo el aire por eso quedó
inconsciente y no tendrá ningún efecto secundario.
Miriam se levanta del sofá y mira distante por la ventana,
Carolina solo la observa sin decir palabra, esperando lo que tendría que
decirle.
-No sé cómo poder explicarte esto, es demasiado doloroso…
-Solo dígalo, no he venido en vano.
-Bien, espero antes que todo perdones a Alberto, por todos
sus errores pero él la amaba demasiado; todo comenzó aquel día en el hospital,
tu hermana… le pidió a Alberto que la desconectara…
-¿Qué?, ¡Eso no puede ser posible!, ¡Está mintiendo!,
¡Maldita! –con cada palabra Carolina incrementaba más su tono de voz, la ira la
consumía por dentro.
-Tranquilízate…
-¡Es igual que él!, ¿Por qué lo protege?…
-No le protejo, si lo hiciera no te hubiera contado nada…
-Usted… usted… es…
-Toma asiento y déjame continuar –le decía Miriam mientras
la tomaba de los brazos y lentamente la empujaba hacía el sillón –sé que no
puedes creerlo, lo entiendo, pero no miento, la verdad es que tu hermana había
estado insistiendo en eso desde una semana atrás, pero él no podía…
-Entonces… ¿Por qué lo hizo? –gritando esto último.
-Por Leslie, ella le dijo… que si en verdad la amaba… lo
hiciera –cuando Carolina escucho esto no podía creerlo y comenzó a llorar,
Miriam se acercó hasta ella para abrazarle con ternura –pequeña, no era mi
intención hacerte esto, pero yo quiero que perdones a Alberto, ha estado tanto
tiempo solo, perdido y triste; puede sonar algo egoísta de mi parte pero quiero
que cumpla su promesa…
-¿Qué promesa?… –pregunta Carolina sollozando.
-Momentos antes de que hiciera lo que tu viste ese día, tu
hermana nos hizo prometer algunas cosas, a él lo obligo a prometer que no se
quitaría la vida y que lucharía por ser feliz; sabes, Leslie lo conocía tan
bien, ella estaba segura de que la seguiría, por eso prácticamente lo obligo a
prometer eso, a mí me hizo prometer que cuidaría de él, además de que no te
diría nada nunca en tu vida, pero tuve que faltar a esto último para poder
cumplir con la promesa de cuidarlo.
Carolina permaneció un rato más en casa de Miriam, la
tristeza que sentía en ese instante le hizo permanecer ahí, después de un rato
sin decir nada se levantó y se fue.
CAPITULO 3
Algún día te enseñare un mundo brillante
Cuatro años han pasado desde el incidente con Carolina,
apenas hace unos días ella apareció de nuevo en mi vida, me contó lo que había
platicado con Miriam y lo difícil que fue para ella aceptar la realidad,
también me comento que sus padres ya lo saben que inclusive a ellos Leslie les había
pedido que la desconectaran y la dejaran morir en paz antes que a mí, sin
embargo ellos nunca tuvieron el valor para hacerlo; en mí no sé si fue valor o
cobardía, lo único que sé es que no podía seguir viéndola sufrir de esa manera.
Dos meses después de reencontrarme con Carolina y de mucho
insistir me reuní con sus padres, insistían tanto en conocer a mis padres, pero
después de mucho platicar los persuadí de no hacerlo, les conté que ellos nunca
se enteraron de esto y que era demasiado tarde para hacerlo, que era mejor así,
aunque de no muy buena gana terminaron por aceptar el no conocerles.
Ya han pasado veinte años desde que ella murió, al menos el
día de su cumpleaños no fui solo a visitarle, su madre había estado yendo todo
este tiempo en el mes de marzo al igual que yo, me contó que algunas veces me
ha visto llevarle su rosa blanca pero que nunca tuvo el valor de hablarme, esta
vez fuimos juntos y me contó que Leslie se lo había dicho en ese entonces, que
me convencería de desconectarla del aparato que evitaba que cayera inconsciente
sabiendo el riesgo que conllevaba y que todo este tiempo lo había sabido; las
lágrimas no paraban no pude detenerlas, vagaban libremente por mí rostro para
caer por el aire y fenecer en paz, un tierno y cálido abrazo por parte de la
señora Carolina me hizo recuperar la cordura; los últimos seis meses de mi vida
han tenido algunos cambios importantes y aunque mis pies estén atados por
cadenas de sufrimiento, mis impulsos desbordantes no están completamente
reprimidos, ya que poseo un corazón que anhela poderosamente no ser tan débil
como para ser capturado por tantas cosas negativas y miro las estrellas y en el
seno del tiempo se deja de pronunciar tu nombre, las luces del cielo son
fugadas, el viento denuncia la brisa tenue de los sueños y he visto el cielo
negro en el que no hay ni pájaros; te marchaste llevándote los pétalos de mis
pupilas, pero aun así sigo luchando por encontrar la brillantes de un mundo
nuevo.
La realidad dista mucho de su entender,
Condenada sin razón a los distantes rayos del sol,
Su fuego eterno de pasión se extinguió,
Una identidad taciturna y melancólica adopto,
Y los caminos se pintan de gris,
Sin embargo no es suficiente para todo el sentimiento que se
continúa generando al otro lado del espejo.
FIN
