Durante siglos, los primeros exégetas de la Biblia trataron
de establecer con la mayor exactitud posible la fecha del nacimiento de Jesús,
aunque lo cierto es que la principal fuente con la que contaban, los
Evangelios, ofrecía pocas pistas sobre este dato. Además, en aquella época no
era costumbre celebrar los cumpleaños de modo que los primeros cristianos no
celebraban el nacimiento de Cristo sino la Pascua de Resurrección, lo que no
ayudó a ofrecer alguna pista sobre la fecha en cuestión. Puestos a poner más
dificultades, el Evangelio de San Lucas dice que un grupo de pastores durmieron
al raso, lo que parece difícil en pleno invierno e inclina a pensar que la
fecha del nacimiento del Señor fuese más cercana a la primavera.
El primer estudioso que sitúa el nacimiento de Cristo el 25
de diciembre es Sexto Julio Africano en el año 221 d.C., aunque no será hasta
el siglo IV cuando se tenga constancia de la celebración litúrgica de la
Navidad por parte de las comunidades cristianas. “La explicación más normal es
que se escogiera esta fecha para cristianizar una fiesta pagana”, explica el
experto en Sagradas Escrituras y profesor de Teología de la Facultad de Navarra
Francisco Varo.
En efecto, en las fechas próximas a la Navidad los pueblos
prerromanos celebraban el solsticio de invierno, considerado como el nacimiento
del sol por ser a partir de entonces los días progresivamente más largos.
Además, los romanos celebraban desde el año 274 la fiesta del Nacimiento del
Sol Invicto, que hacían coincidir con el solsticio de invierno. “Expresiones
bíblicas como sol de justicia o la luz del mundo permiten a los cristianos
encontrar también a Jesús en aquella celebración pagana que poco a poco se va
cristianizando”, asegura el teólogo Francisco Varo.
Otra explicación alternativa dice que la fecha del 25 de
diciembre se obtiene al contar nueve meses desde la Anunciación, que se celebra
el 25 de marzo. Aquí surgiría la duda de saber si la fecha de la Anunciación se
fija a partir de la Navidad o viceversa, pero existe una explicación que
identifica el día de la Anunciación a partir del mito platónico del hombre
esférico. “Como Jesús es perfecto y la fecha de su muerte se creía que había
sido el 25 de marzo, supusieron que había sido concebido el 25 de marzo, fecha
que de alguna manera cerraba ese círculo perfecto, de ahí que fijasen su
nacimiento nueve meses después, el 25 de diciembre”, explica Francisco Varo.
La iglesia ortodoxa rusa, basándose en algunos cálculos que
sitúan la muerte de Cristo el 6 de abril y empleando el mismo razonamiento
platónico del hombre esférico, celebra la Natividad el 6 de enero, día en el
que la iglesia occidental celebra la epifanía.
Sean ciertas unas explicaciones u otras, lo cierto es que
las comunidades cristianas empiezan a celebrar la
Navidad el año 354 según el
calendario litúrgico filocaliano, aunque se sabe que la celebración popular
pudo ser muy anterior. De ahí que hayan surgido algunas teorías que aseguran
que el emperador Aurelio instauró la fiesta del Nacimiento del Sol Invicto para
unificar todas las celebraciones paganas y evitar que la Navidad cristiana, que
ya por entonces tenía cierto auge, terminase por apropiarse de las
celebraciones del solsticio de invierno. Esta teoría, sin ser la más
consensuada, cuenta con credibilidad dada la existencia de textos que fijan la
fecha actual de la Navidad en el año 221 – Sexto Julio Africano – y la conocida
animadversión del emperador Aureliano hacia los cristianos.
Esta teoría sería incompatible con el posible origen pagano
de la Navidad, una hipótesis que sin embargo es perfectamente aceptada por la
ortodoxia católica, que no ha establecido ningún dogma sobre el origen de su
fiesta más popular.
Lo que sí se puede asegurar con absoluta seguridad fue la
rápida expansión de la celebración litúrgica de la Navidad entre las distintas
comunidades cristianas a partir del siglo IV. “En el norte de África tenemos
constancia de su celebración a partir del año 360, en Constantinopla en 380, en
España poco después, en el año 384 y en Antioquía en el 386. La expansión se
produce en la segunda mitad del siglo IV y en el siglo V se trata de una fiesta
prácticamente universal”, concluye el teólogo.
